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jueves, 24 de noviembre de 2016

Un monstruo viene a verme

Pienso que soy una mujer fuerte y segura, pero a veces, cuando se tratan temas de maternidad, esa confianza la pierdo por el camino.

Ha habido algunas ocasiones en las que hablando con otros padres y madres sobre  nuestros hijos, de problemas que nos ocupan acerca de crianza... me transformo. Tengo (tenemos) claras muchas cosas con respecto a nuestra hija, a nuestro modo de educarla, de criarla,... y queremos que se respeten nuestras decisiones. Peeeero a veces, el círculo en el que estamos no es el más cómodo, o el menos crítico o simplemente decimos "que si que si, que darles papilla está muy bien" porque queremos zanjar un asunto validando a otros, porque sabemos que si continuamos estamos dando pie a una discusión absurda, amplia y que no va a hacernos cambiar de opinión. 

赤いハートマーク みんなの意見 
Fuente Adobe Stocks

Y es por eso que una de las cosas de las que MÁS me arrepiento es de, a veces, no proteger esos valores familiares. Un ejemplo: hace unos meses hablando con una madre, me comentaba lo malo que era dejar a los hijos dormir con sus padres, porque les malacostumbrabas, les malcriabas, se te subían a las espaldas y luego ya no podías controlarlos y el caos se apoderaba de tu vida... y mientras escuchaba esa absurda, retrógrada y hueca teoría leía entre líneas a una madre fachada, de las que se reúnen a la salida del cole para poner a parir a sus hijos y probablemente vivan en un vacío existencial, solas, sin nadie que les haya dicho, "oye, tranquila, que no pasa nada por sentirte bien durmiendo con TU hijo, en TU cama, en TU intimidad familiar y crear esos vínculos increbantables. Que es genial y adorablemente dulce tener a tu hijo pegado a ti durante la noche, escuchando su respiración, sintiendo su cuerpecito caliente y sus manos agarrándote el dedo para corroborar que estás ahí, que no necesita nada más en este mundo que a ti, que los dos sois uno. Esa sensación es única y nadie, créeme, nadie tiene el derecho a dar por echo que eso es malcriar."

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Fuente Adobe Stocks

Me apoyo en este blog para poder expresar, aunque tarde, lo que pienso y siento sobre la crianza. Mi timón para sobrellevar la dirección en la que navegamos mi pareja y yo. Mi guía a la que acudir en los momentos de dificultad, tensión, incertidumbre y miedo. Porque admitámoslo, el miedo es esa herramienta que nos va a acompañar siempre desde que somos padres y madres. Esa incertidumbre que crecerá a la vez que nuestros hijos lo hacen. Claro que no es fácil, claro que es más cómodo criticar al de al lado por cómo educa a sus hijos, por cómo vive la infancia. La teoría del espejo nos enseña a ver en el otro, ese a quien tanto molestamos,  lo que de verdad deseamos y ansiamos.

Es un auténtico ejercicio de valentía responder a esas familias con nuestro ejemplo. Porque criar con apego no es malcriar. Practicar colecho, no es malcriar. Dar el pecho pasados los dos años, no es malcriar. Amar a nuestros hijos poniendo límites, no es malcriar. 

Ojalá algún dia, nuestras hijas e hijos puedan normalizar la cultura del apego y el respeto en la crianza. Así conseguiremos una sociedad mejor, os lo aseguro.

jueves, 13 de octubre de 2016

Las tribus del parque

Que levante la mano quien se haya sentido totalmente fuera de lugar al llegar a un parque con su peque. Vale, vale, ya veo que somos muchas... menos mal, pensaba que era yo la única rara.


Con este calor que parece que no nos abandona hace que hayamos "estrenado" un parque cerca de casa. Nada más "aterrizar" muchos padres y madres sentados en los bancos nos miraban como si fuéramos dos bichos raros y estuviésemos irrumpiendo su cotidiana y bien establecida tribu, y por lo tanto bien establecida jerarquía.
Pensando que íbamos a estar solas porque el parque en cuestión se encuentra entre dos edificios de la periferia de la ciudad, no llevé juguetes o el triciclo, por lo que Maya estuvo jugando con las motos y muñecas ajenos. Los dueños, que hasta ese momento no había hecho caso de sus pertenencias, evidentemente en el mismo instante que Maya los cogía, venían a reprimirle de quién eran propiedad... Como os podéis imaginar esta situación se desencadenaba con algún empujón, lloros y malas caras.

children playgroundAquí hago un inciso porque quiero indicar que normalmente mi hija juega con todo (el lema, todo es de todos se convierte en la máxima expresión) pero ha aprendido por propia naturaleza a devolver los juguetes de los demás cuando el dueño/a llora, movida por la compasión.
Por otra parte, si estamos en un parque y otro niño quiere jugar con los juguetes de Maya, le enseño a compartir su material y a valorar el juego en compañía.


Dicho esto, quizás porque yo soy de otra manera, me sorprendió cómo muchos padres y madres le insistían a Maya con que no podía jugar con otros juguetes, si los dueños no se los dejaban. Le estaban enseñando que si quieres algo y no lo puedes tener, te tienes que aguantar.

Quizás porque eramos las nuevas ahí, porque sentí desde el primer momento que sobrábamos o porque me cogió en un mal día, convencí a Maya para irnos y jugar en otro sitio.

Durante el camino estuve pensando en los parques, en los juegos, en los niños y en los adultos y en cómo a veces intercambiamos los roles con nuestros hijos, y los infantiles parecemos nosotros, lo que me preocupó mucho ya que ellos nos toman de ejemplo para repetir nuestros patrones, validándolos.
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