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martes, 13 de diciembre de 2016

El esplendor en la hierba


Aunque nada pueda hacer volver 
la hora del esplendor en la hierba,
de la gloria en las flores,
no debemos afligirnos
porque la belleza subsiste siempre en el recuerdo.



Fuente Adobe Stocks

Una de las cosas que cuando se tienen hijos más se escucha es "ya verás lo rápido que pasa todo" y así es. Recuerdo cuando Maya nació, que la miraba y me decía "pero cómo va a pasar esto rápido, si solo acaba de empezar..." Y fíjate, ya tiene dos años y yo, con mi blog, un año y medio... y el tiempo pasa taaaan deprisa, que no nos damos cuenta.

Estas semanas están siendo emocionalmente demoledoras. Trabajo de 08:00 a 16:00 h pero por las tardes (y como si me sobrara el tiempo y lo fueran regalando) me he decidido a hacer un curso intensivo de docencia que ocupa mis tardes de 16:00 a 21:00 h. Al llegar a casa me espera el tercer turno de "combate": el baño, la cena y a dormir, con los consiguientes cabreos porque, como es normal, mi hija no me ha visto en todo el día y lo que más quiere es jugar, y no dormir a su hora.

Aunque trato de empatizar mucho con ella, dialogar en la medida de lo posible, respirar, salir de la habitación en los momentos de mayor estrés... muchos días acabo agotada, física y emocionalmente. Y pese a saber que es normal que yo me sienta así, y sepa que es algo pasajero que en pocas semanas terminará, hay días en los que preferiría estar debajo de la manta, en la cama, a solas, sin nadie a quien cuidar o proteger, sin nadie que me moleste.

Y es ahí, en ese momento y en ese hueco profundo que vamos cavando día a día los padres y madres, cuando nos damos cuenta que si miramos hacia arriba tan apenas podemos ver la luz de salida. Y pensamos que ya es demasiado tarde, que nuestro hijo que nos necesita tanto y al que no hemos sabido atender o escuchar de la manera que él o ella estaban pidiendo, se está corrompiendo por la falta de atención, los gritos, las amenazas, la desobediencia, las peleas constantes... Y es entonces cuando pensamos que todo tiempo pasado fue mejor, recordando con dulzura cuando era bebé y dependía tanto de nosotros hasta para moverse, comer, dormir...

Pero os cuento un secreto: nuestros hijos van a depender de nosotros hasta que sean capaces de construir su propio yo independiente de nuestras reglas. Y aún así deben saber que siempre estaremos ahí para lo que necesiten. Y es bueno decirles y recordarles que nosotros también les necesitamos y les queremos.


Fuente Adobe Stocks

Recordemos que los días pasan lentos, pero los años marchan deprisa, y llegará el día en el que echemos la vista atrás y queramos volver a esos momentos que, aunque duros difíciles e incluso tediosos, nos dormíamos con la convicción de saber que nuestro hijo mañana seguiría pidiendo brazos, mimos, teta, canciones, risas, juegos...

jueves, 24 de noviembre de 2016

Un monstruo viene a verme

Pienso que soy una mujer fuerte y segura, pero a veces, cuando se tratan temas de maternidad, esa confianza la pierdo por el camino.

Ha habido algunas ocasiones en las que hablando con otros padres y madres sobre  nuestros hijos, de problemas que nos ocupan acerca de crianza... me transformo. Tengo (tenemos) claras muchas cosas con respecto a nuestra hija, a nuestro modo de educarla, de criarla,... y queremos que se respeten nuestras decisiones. Peeeero a veces, el círculo en el que estamos no es el más cómodo, o el menos crítico o simplemente decimos "que si que si, que darles papilla está muy bien" porque queremos zanjar un asunto validando a otros, porque sabemos que si continuamos estamos dando pie a una discusión absurda, amplia y que no va a hacernos cambiar de opinión. 

赤いハートマーク みんなの意見 
Fuente Adobe Stocks

Y es por eso que una de las cosas de las que MÁS me arrepiento es de, a veces, no proteger esos valores familiares. Un ejemplo: hace unos meses hablando con una madre, me comentaba lo malo que era dejar a los hijos dormir con sus padres, porque les malacostumbrabas, les malcriabas, se te subían a las espaldas y luego ya no podías controlarlos y el caos se apoderaba de tu vida... y mientras escuchaba esa absurda, retrógrada y hueca teoría leía entre líneas a una madre fachada, de las que se reúnen a la salida del cole para poner a parir a sus hijos y probablemente vivan en un vacío existencial, solas, sin nadie que les haya dicho, "oye, tranquila, que no pasa nada por sentirte bien durmiendo con TU hijo, en TU cama, en TU intimidad familiar y crear esos vínculos increbantables. Que es genial y adorablemente dulce tener a tu hijo pegado a ti durante la noche, escuchando su respiración, sintiendo su cuerpecito caliente y sus manos agarrándote el dedo para corroborar que estás ahí, que no necesita nada más en este mundo que a ti, que los dos sois uno. Esa sensación es única y nadie, créeme, nadie tiene el derecho a dar por echo que eso es malcriar."

Series of colored padlocks with hart shape
Fuente Adobe Stocks

Me apoyo en este blog para poder expresar, aunque tarde, lo que pienso y siento sobre la crianza. Mi timón para sobrellevar la dirección en la que navegamos mi pareja y yo. Mi guía a la que acudir en los momentos de dificultad, tensión, incertidumbre y miedo. Porque admitámoslo, el miedo es esa herramienta que nos va a acompañar siempre desde que somos padres y madres. Esa incertidumbre que crecerá a la vez que nuestros hijos lo hacen. Claro que no es fácil, claro que es más cómodo criticar al de al lado por cómo educa a sus hijos, por cómo vive la infancia. La teoría del espejo nos enseña a ver en el otro, ese a quien tanto molestamos,  lo que de verdad deseamos y ansiamos.

Es un auténtico ejercicio de valentía responder a esas familias con nuestro ejemplo. Porque criar con apego no es malcriar. Practicar colecho, no es malcriar. Dar el pecho pasados los dos años, no es malcriar. Amar a nuestros hijos poniendo límites, no es malcriar. 

Ojalá algún dia, nuestras hijas e hijos puedan normalizar la cultura del apego y el respeto en la crianza. Así conseguiremos una sociedad mejor, os lo aseguro.

jueves, 24 de marzo de 2016

#mamaopositora

Detrás de cada madre hay una maravillosa historia. Todo cambia cuando tienes un hijo; las prioridades, los miedos, las sensaciones, la forma de entender la vida... En mi caso mi vida se tambaleó a los pocos días de tener a Maya: me despidieron. Yo lo entendí como "no te queremos con un bebé que se interponga entre nosotros y tú". Ese trabajo había supuesto lo mejor de mí durante cuatro años y ahora lo que me recordaban era que había pasado a otro estado, al saco donde van los desperdicios, a encontrarme en tierra de nadie

Tras semanas enviando el currículum a diversas empresas, sin tener alguna contestación, decidí que lo mejor era estudiar oposiciones. En ese camino he encontrado muchas mujeres que son mamás. Coincidimos muchas veces en la biblioteca estudiando y eso me ha llevado a conocer sus porqués.

Diana estaba trabajando en una empresa desde hacía 8 años. Se quedó embarazada de su segundo hijo a los 14 meses de tener el primero y eso a su jefe no le sentó bien. Tras su baja por maternidad, la despidieron un día antes de coger las vacaciones. 

A Esther le pasó algo parecido. Se quedó embarazada de su segunda hija también al poco de que la mayor cumpliera el año. Estando todavía embarazada, sus propias compañeras de trabajo le hacían cargar con cajas y la insultaban. Se había creado un clima insano, tenso y totalmente inhumano. El jefe alentaba a las trabajadoras para que Esther se fuera de su puesto en el supermercado. Pero Esther aguantó y aguantó. 15 días antes de dar a luz la despidieron. Estuvo bajo terapia psicológica cinco meses tomando antidepresivos para poder dormir.

Carlota es periodista. Durante 10 años estuvo escribiendo artículos de investigación, hablando de política internacional. A los seis meses de dar a luz la despidieron porque "estaba demasiado pendiente de su hijo". No le pagaron su sueldo durante cinco meses. Al final tuvo que ir a juicio.

Miriam nunca ha tenido un trabajo estable. Compaginaba labores de azafata en congresos con bolos en la orquesta. Le salió una oportunidad de comercial. La verdad es que le iba bastante bien. Consiguió los pluses de bonificación en los tiempos indicados por la empresa. Tenía toda la pinta de que le iban a renovar, pero anunció su embarazo. Su hija dentro de poco cumplirá un año y ella sigue sin trabajo.

Belén es ingeniera agrónoma. Su despido en 2012 la llevó de regreso a su casa, un pueblo de 8.000 habitantes. Está casada, tiene dos hijos y lo tiene claro: si no aprueba las oposiciones tendrá que dedicarse a criar gallinas o hacer mermeladas. La mujer en el mundo rural no tiene muchas más opciones.

Son cinco compañeras, pero creo que podría aumentar la lista tres veces más. Son mujeres, madres, inteligentes. Que han apostado por un camino difícil, lleno de altibajos, esfuerzo y sacrificio. Estudiar, intentar sacar horas al día para poder conciliar. Sembrar para luego recoger. Es difícil y es duro porque no podemos llevar nada a casa. No "aportamos" nada. No pretendo desmerecer el trabajo de otras madres, que se levantan cada día a las 07:00 de la mañana, dejan a sus hijos en las guarderías y no los ven hasta las 20:00 de la tarde. Yo soy una de esas hijas, pero no lo quiero para mí ni para Maya. Por eso he decidido pelear por conseguir una plaza en la que se respete mi vida profesional y familiar. Otras probablemente no tengan la opción, no se lo planteen, o no se vean capaces de empezar de nuevo. Solo cuando sientes que estás abandonada por la sociedad, creo que es cuando das el paso

"La única diferencia entre un sueño y un objetivo es una fecha" Edmundo Hoffens.

Para todas ellas #mamaopositora

Nota: por respeto a su intimidad, los nombres y algunos datos de las anteriormente citadas, están cambiados.


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