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martes, 13 de diciembre de 2016

El esplendor en la hierba


Aunque nada pueda hacer volver 
la hora del esplendor en la hierba,
de la gloria en las flores,
no debemos afligirnos
porque la belleza subsiste siempre en el recuerdo.



Fuente Adobe Stocks

Una de las cosas que cuando se tienen hijos más se escucha es "ya verás lo rápido que pasa todo" y así es. Recuerdo cuando Maya nació, que la miraba y me decía "pero cómo va a pasar esto rápido, si solo acaba de empezar..." Y fíjate, ya tiene dos años y yo, con mi blog, un año y medio... y el tiempo pasa taaaan deprisa, que no nos damos cuenta.

Estas semanas están siendo emocionalmente demoledoras. Trabajo de 08:00 a 16:00 h pero por las tardes (y como si me sobrara el tiempo y lo fueran regalando) me he decidido a hacer un curso intensivo de docencia que ocupa mis tardes de 16:00 a 21:00 h. Al llegar a casa me espera el tercer turno de "combate": el baño, la cena y a dormir, con los consiguientes cabreos porque, como es normal, mi hija no me ha visto en todo el día y lo que más quiere es jugar, y no dormir a su hora.

Aunque trato de empatizar mucho con ella, dialogar en la medida de lo posible, respirar, salir de la habitación en los momentos de mayor estrés... muchos días acabo agotada, física y emocionalmente. Y pese a saber que es normal que yo me sienta así, y sepa que es algo pasajero que en pocas semanas terminará, hay días en los que preferiría estar debajo de la manta, en la cama, a solas, sin nadie a quien cuidar o proteger, sin nadie que me moleste.

Y es ahí, en ese momento y en ese hueco profundo que vamos cavando día a día los padres y madres, cuando nos damos cuenta que si miramos hacia arriba tan apenas podemos ver la luz de salida. Y pensamos que ya es demasiado tarde, que nuestro hijo que nos necesita tanto y al que no hemos sabido atender o escuchar de la manera que él o ella estaban pidiendo, se está corrompiendo por la falta de atención, los gritos, las amenazas, la desobediencia, las peleas constantes... Y es entonces cuando pensamos que todo tiempo pasado fue mejor, recordando con dulzura cuando era bebé y dependía tanto de nosotros hasta para moverse, comer, dormir...

Pero os cuento un secreto: nuestros hijos van a depender de nosotros hasta que sean capaces de construir su propio yo independiente de nuestras reglas. Y aún así deben saber que siempre estaremos ahí para lo que necesiten. Y es bueno decirles y recordarles que nosotros también les necesitamos y les queremos.


Fuente Adobe Stocks

Recordemos que los días pasan lentos, pero los años marchan deprisa, y llegará el día en el que echemos la vista atrás y queramos volver a esos momentos que, aunque duros difíciles e incluso tediosos, nos dormíamos con la convicción de saber que nuestro hijo mañana seguiría pidiendo brazos, mimos, teta, canciones, risas, juegos...

jueves, 3 de marzo de 2016

La crianza feliz

A menudo nos vemos arrastrados por opiniones o modas ajenas, seguramente no malintencionadas, pero que nos llevan a modificar ciertos patrones de nuestro comportamiento, bajo la creencia y autoconfirmación de que eso nos llevará por un camino mejor. Cuando esas opiniones y consejos vienen de amigos, conocidos y familiares sobre cómo debemos de educar a nuestros hijos, muchas veces, y sin ser del todo conscientes, caemos de nuevo en la imitación.

Recientemente mi hija ha vuelto a dormir mal. O mejor dicho, a hacerlo de la forma totalmente contraria a como yo desearía (esto es: pronto, del tirón y sin cabreos). Hemos pensado de todo:
- es porque estamos en el proceso de pasarla de nuestra cama a su cuna (pegada a nuestra cama)
- es porque está cambiando las horas de la siesta
- es porque le está saliendo un diente y por eso no coge bien el sueño
- es porque...
Los padres siempre nos preocupamos cuando nuestros hijos no hacen algo como desearíamos sin ser conscientes de la personalidad del niño o de la niña y de sus "necesidades" (puntualizaré esto más adelante, ya que, obviamente, la lectora se preocupa por las necesidades de su hijo)

Me molesta últimamente sobremanera todas esas madres (que he dejado de seguir en redes sociales) super estupendas, con las uñas y los labios rojos, un trabajo creativo que pueden realizar desde sus casas pegadas a sus retoños, y con mucho tiempo "extra" para hacer lo que quieran, como antes de tener hijos. Y me molesta porque normalmente suelen presentar unos perfiles en sus redes sociales que se alejan mucho de la realidad de la maternidad que yo conozco. Porque la maternidad es esfuerzo, sacrificio, lucha y también ilusión, aprendizaje y emociones. Probablemente los hijos de esas mamás super estupendas también lloren de noche, como Maya, y también cogerán sus rabietas en medio del parque a plena luz del día ante la atenta e insólita mirada de muchos que hace mucho dejaron de ser padres (o no lo fueron nunca).

Las redes sociales, a nivel general, y nuestro entorno, en el particular, nos ofrece fogonazos de tesis que sostienen, en verdad, dos corrientes totalmente opuestas: la crianza de apego versus la crianza "tradicional". Veamos un ejemplo: si tu hijo no duerme por la noche, la crianza de apego te dirá que practiques el colecho porque es bueno para tu hijo y ayuda a su desarrollo y refuerza los vínculos ma(pa)terno- filiales. Por el contrario, la crianza tradicional te dirá que lo dejes llorar, que el niño se tiene que acostumbrar a dormir solo y que él no puede marcar los tiempos de la casa (e incluso llegará a vomitar para llamar la atención). 
De sobras es sabido que me inclino más hacia la crianza natural y de apego, pero aunque practicamos el colecho y he hecho todo a pies juntillas como marcan los manuales ¿por qué Maya no duerme bien? Es claramente obvio que algo estamos haciendo mal y es dejar de escuchar y "atender" y saber leer lo que quiere decir nuestra hija, para ir a buscarlo a un libro, a un consejo de madre, de amiga... 

Al parecer todos tenemos el don de resolver los problemas materno-filiales desde el momento en el que nos convertimos en padres y madres, y aunque muchas veces (en la mayoría de las ocasiones) la voluntad y la predisposición es muy buena, no dejan de ser directrices y normas que pueden modificar un patrón o conducta en el seno familiar.

Como decía más arriba sobre las necesidades de los niños, me despido con lo que dice Rosa Jové, sobre su libro "Dormir sin lágrimas"


"Los niños, son seres humanos, son personas, y tienen los mismos derechos que nosotros. No hay ningún momento, desde que nacemos hasta que morimos, que uno se convierta en persona antes o después. Ya nacemos todos con los mismos derechos, por lo tanto si una actuación no es adecuada o no es lícito hacerlo con una persona adulta, tampoco con los niños.  No podemos ser inflexibles."

Observemos más a nuestros hijos. Dejemos que ellos nos hablen porque son nuestro auténtico y verdadero manual de crianza feliz.

jueves, 14 de enero de 2016

El bebé de Carolina

Ayer se constituyeron las Cortes Generales (Congreso de los Diputados y Senado) y la noticia fue: Carolina Bescansa (Podemos) lleva a su hijo al hemiciclo. De repente, los medios se incendiaron, las redes sociales bullían en un sinfín de comentarios y los periódicos llenaron de titulares de todo tipo sus portadas. La polémica estaba servida.


Cuando una mujer es madre en la sociedad actual, ya está representando a un porcentaje de la sociedad que es completamente diferente de la de hace 50 años. Y pensaréis, ¡qué obviedad más grande!. Detengámonos. Hace 50 años las mujeres que se casaban no tenían opción: se casaban, tenían hijos y se quedaban en casa. No existían varios tipos de familias, había una única y verdadera, como la Iglesia Católica, magna, pura y poderosa. Hoy contemplamos familias de todo tipo: madres solteras, padres solteros, madres lesbianas, padres homosexuales, familias con hijos subrogados (nacidos de un vientre de alquiler), con hijos adoptados, de diferentes nacionalidades, familias sin hijos (porque también forman una unidad familiar, claro que si!), y más allá, encontramos también mujeres que no desean tener hijos, estando solteras o casadas. En definitiva, hoy día tenemos opciones de todo tipo. Elecciones que nos hemos ganado por derecho.

El siguiente paso en el análisis es delicado; hablamos de la conciliación. Una mujer cuando es madre lo aprecia bien. Si antes una mujer soltera, tenía un buen puesto, era una fiera. Si esa misma mujer es madre, pasa a ser menospreciada. Nuestro valor en esta sociedad radica en ser productivas, y ese valor termina cuando somos madres. 

Muchas mujeres que han perdido su trabajo al ser madres (porque no existen políticas sociales ni laborales reales que permitan poder conciliar) han apostado por el autoempleo y en el casi 80 % de los casos, son negocios en internet, que les permitan estar en casa y criar a la vez.  

Esto nos lleva a la siguiente reflexión: podemos ser madres, pero sólo de forma autómata, es decir, parir y salir del hospital para ir directas al puesto de trabajo, que ya nos cuidarán a otros los hijos. Así lo hizo la Vicepresidenta en funciones, Soraya Sáenz de Santamaría, alegando que ella es muy feminista (pero que muy mucho) y para ella el feminismo es poder elegir siendo mujer. Incluso teniendo derechos (ojo al dato), el poder del feminismo radica para Santamaría que, aun teniéndolos, debemos elegir sin que se conviertan en deberes (en lugar de luchar para obtener derechos). Que si se tienen 6 semanas por ley para disfrutar de la baja por maternidad, ella se las salta a la torera y disfruta unos días, "regalando" a su marido el resto para que cuide a su hijo. (Ver en el minuto 49:54). Me encantaría ver una sociedad en la que las mujeres releguen de sus derechos en pro de hacer lo que les dé la gana, como poder asistir a un Pleno del Congreso para gritar "sí al aborto".  Creo que Santamaría, con lo aplicada que es, confunde todavía dos términos: derechos y deberes. Un derecho se adquiere y es inherente a la persona: derecho a vivir, por ejemplo. Y el deber es lo que la sociedad, el Estado y las leyes te marcan: por ejemplo, no tenemos el deber de matar, porque las leyes nos lo impiden. Incluso uno a sí mismo no tiene ese deber, por ejemplo en los casos de eutanasia, algo muy debatido por otra parte. Confunde aquí la Vicepresidenta en funciones entre derecho a poder criar con el deber de criar. Dos cosas bien distintas. Y es que lo preocupante es esto, queridas lectoras; que mujeres que nos representan, por ideología o por estar sencillamente como mujeres en primera línea de la política, rechacen a los niños, ¡incluso a los suyos propios!

El problema, amigas, no es que tengamos hijos, cómo los tengamos, cuándo los tengamos, o si trabajamos o no. El problema son nuestros hijos. La sociedad no quiere niños, molestan. Por qué sino, no tenemos baños con cambiadores en lugares públicos, o salas de lactancia, o parques públicos infantiles en condiciones, o políticas de permisos de ma(pa)ternidad más amplios, o retribuciones más altas a madres que concilian y quieren mantener sus puestos de trabajo... Por qué sino un político o política, señalando a Bescansa, dice "me parece lamentable" (Jorge Fdez Díaz, Ministro de Interior en funciones), "esto no hace falta" (Carme Chacón, política y madre), "traerlo al hemiciclo no es cómodo ni para el bebé ni para nosotras" (Isabel Rodríguez, política), "Carolina Bescansa ha ido con su hijo para figurar, los menores necesitan protección" (Ana Oramas, política y madre). Si ni siquiera ellas y ellos dignifican a los menores en nuestra sociedad ¿quién lo va a hacer? Quizás Carolina, con ese gesto, se ponga manos a la obra y comience a dar voz y color a un tema, que mientras sea polémica, nos recordará que todavía queda mucho por hacer.

jueves, 3 de diciembre de 2015

¿Quién es el Pajarito Pinzón?

Laura, que aparece aquí en la foto de la derecha, es la creadora de "Pajarito Pinzón", una tienda de portabebés ergonómicos y un espacio/ comunidad donde las familias pueden resolver todas sus dudas sobre porteo.

Laura, que además es psicóloga de formación y de profesión, se ha formado como asesora de porteo. Ofrece talleres y cursos informativos a madres y padres que estén interesados en esta práctica, asesorándoles sobre los beneficios, cómo hacerlo de forma segura, cómo usar un portabebés correctamente, cuál es el que mejor se adapta a sus necesidades... tanto a través de su blog, como en asesorías personalizadas y online.

El porteo tiene un montón de beneficios que la gente desconoce y que ella quiere acercar a través de los productos que ofrece, destinados a mamás, papás, bebés y niños de hasta 4 años aproximadamente, que hacen a las familias la vida más fácil y accesible, ayudando a crear un vínculo mucho más estrecho y especial a través del contacto físico.

Foto cedida por Pajarito Pinzón

Concienciada con el medio ambiente, la mayoría de las marcas que comercializa sí cuentan con un componente "eco": productos confeccionados con algodón orgánico y tejidos libres de tintes tóxicos y metales pesados.

Pero para mí lo más importante, su "cruzada personal" como dice ella, es dar a conocer el porteo ergonómico y sus beneficios, pues no todos los portabebés del mercado son ergonómicos y por desgracia hay muy poca información sobre ello, por lo que la difusión e información es fundamental.

Para todas las que estéis interesadas podréis localizarla en:


www.pajaritopinzon.com


Facebook, Twitter, Instagram, Youtube, Pinterest y Google + (ya os digo que esta chica no para!)



De vez en cuando participa también en algún mercado y organiza talleres de porteo en Zaragoza y Huesca. Si quieres estar al tanto de cuándo hará el siguiente evento, te animo a que sigas su blog!

jueves, 19 de noviembre de 2015

Mamitis aguda

Dícese de aquel hijo o hija que no puede vivir sin su madre y se le pega, como tirita barata, hasta en los momentos menos entrañables, como son, cuando vas al baño.

Y así estamos. Día y noche en un llanto inconsolable si la pequeña terremoto me pierde de vista. Ni con su padre, ni con los abuelos, ni con la "tata", para pena de ellos y mi "condena", quiere estar.

Puede ser que el comienzo de la guardería haya agravado o haya puesto más en evidencia lo que hasta ahora no percibíamos, y no es otra cosa que esa necesidad de apego y de tenerme controlada (vale, ya sé dónde está mi madre, ya sé que no me va a pasar nada, no estoy sola, me quedo tranquila). 

Cuando leemos en algún libro o por otros blogs sobre ma(pa)ternidad, la teoría me llama mucho la atención, sobre todo en titulares como: "5 consejos para superar la mamitis", "cómo debes tratarle si tiene mamitis" o "ayuda a tu hijo a ser más independiente" y el mejor, "plan para ayudar a tu hijo a estar sin ti". Y me pregunto ¿superar? ¿el apego es algo a superar, como si se tratase de un recuerdo adolescente imborrable?. ¿Independiente? ¿puede un niño de 12 meses ser independiente como para comer, bañarse o salir a la calle solo?. No ¿verdad? Como en todo, hay variedad de opiniones, pero creo que podemos sintetizarlo en dos líneas o corrientes: crianza de apego vs crianza  basada en el método Estivil (nota recordatoria para aquellos que no conozcan a este señor: deja a tu niño llorar y así se hará más fuerte)

Vía Penélope Ilustradora

Si os soy sincera, en el fondo no me molesta que mi hija tenga mamitis, y no solo no me molesta sino que adoro que sienta apego hacia mí. Lo que me molesta es que a otros les parezca extraño, les cause irritación e incluso furor que mi hija solo me llame a mí. Yo entiendo que eso es lo natural y que lo raro es querer que un hijo se desapegue de la madre. No obstante ¿no estaríamos nosotros también apegados a quien nos da de comer, nos mima, nos calma, nos baña, nos divierte y nos besa? Por otra parte, también entiendo la frustración del papá de Maya cuando ve que no es capaz de poner consuelo en su llanto y solo yo tengo la clave. Sobre todo porque un hijo así, todo hay que decirlo, absorbe hasta el punto de no saber qué día es, qué has hecho hoy, y siendo pesimistas, ni siquiera plantearte una vida al margen (trabajo, amigos, salidas en pareja...) Aunque eso ya sí es un problema a tratar, porque ya no hablamos de apego sino de dependencia extrema del hijo a la madre y donde los autoritarismos pueden poner patas arriba la unidad familiar. Pero eso es otro cantar y tiene miga quizás hasta para otra entrada.

El apego, y probablemente con él la mamitis, se da desde el mismo momento que un hijo nace, y crece cada día en los momentos, las miradas, las risas, los sueños... Estoy convencida de que cuando mi hija tenga quince años habremos invertido los papeles y seré yo quien lo pase mal cuando la pierda de vista, y ella descanse cuando esté a sus cosas sin sentirse bajo control.

Termino con una frase del Dr. Carlos González:
"Malcriar" significa "criar mal", es decir, con poco cariño, pocos brazos, poco respecto, pocos mimos. Es imposible malcriar a un niño por hacerle mucho caso, cogerlo mucho en brazos, consolarle mucho cuando llora y jugar con él.

viernes, 16 de octubre de 2015

Mis defectos como madre

El aprendizaje constante, cuando eres madre, te muestra las fortalezas y las debilidades adquiridas tiempo atrás. En mi caso es un aprendizaje que va de la mano del que experimenta Maya, aunque ella, inocente y pura, no conoce todavía los sentimientos negativos como los que experimento en situaciones extremas.

En la época pre-maternal se suele dulcificar e idealizar la crianza. Todo parece como sacado de una película de verano, con los rayos de sol frotando las mejillas del bebé mirando embobado a su madre risueña, sin ojeras y con un maravilloso pelo recogido. La realidad, queridas lectoras, es completamente distinta y una que creía que los momentos de riñas y enfados llegarían más adelante,  aterrizan de repente en el hogar con cierta naturalidad.

Es ahí donde descubro mis días menos bonitos o mis defectos como madre:

- la falta de paciencia: pese a que la maternidad lleva consigo grandes dosis de paciencia que se van cultivando y germinando entre ecografías, lo cierto es que a veces aparece y desaparece al mismo tiempo que los hijos se empeñan en volver patas arriba todo el rítmico engranaje que componemos cada día para que la rutina no pierda su valor.

- las contradicciones: he de confesar que soy una mujer llena de contradicciones y a veces este hecho me lleva a desesperar a la pequeña terremoto con "esto no lo cojas" frente a un "experimenta y diviértete". Me pregunto si es bueno marear a un ser esponja con mis locos vaivenes... el tiempo lo dirá.

- la erupción de rabia descontrolada: de entre todos mis defectos éste es sin duda del que menos orgullosa me siento. Para que estalle el volcán se dan normalmente los siguientes factores: falta de sueño, día estresante, casa desordenada y el detonante: una pataleta, un llanto, un cambio de pañal en el momento menos oportuno... Como es algo que he de limar con cierta avidez, he aprendido a reírme y a respirar hondo para poder sobrellevarlo de la mejor manera, a volver la puerta de la habitación unos segundos y calmar mis pensamientos.

- mi "yo" perfeccionista imperturbable: ser perfeccionista puede tener sus ventajas. Si alguien las conoce que me las envíe por mail, porque hasta la fecha las listas, el control y la perfección sólo me han traído disgustos, y con niños en casa, ya se sabe, el caos, el desorden y la impuntualidad están a la orden del día.

- no saber defender a mi hija: cuando alguien comenta sus rutinas o nuestras costumbres, como queriendo señalar que lo que practicamos (colecho, crianza de apego, dejar que coma lo que quiera aunque sea poco...) porque no está bien o no es lo socialmente correcto, es ahí cuando no sé defenderla. Desde aquí ya adelanto que no quiero ser una "madre coraje" o la "madre de la Pantoja" entendido como

- quiero que mi hija sea como yo digo: y eso, madres del mundo, ya habréis experimentado que no es lo más idóneo para nuestros hijos, en el sentido de imposición. En nuestra casa respetamos cada decisión de Maya, pero con excepciones, que son las que vienen marcadas desde lo "socialmente correcto" y por las que lleno a la pobre criatura de contradicciones y arrebatos. Es por ello que siento la defensa de su libertad porque pensamos que es lo que más le ayudará a madurar y a valorar la libertad de los demás. Yo lo llamo, crianza en positivo. Estamos trabajando en ello.

- la competitividad, entendida ésta como aquel momento puntual en el que las madres y los padres sacamos a relucir los logros de nuestros hijos "ya (come-duerme-hace pis-se lava los dientes) solo", "pues mi hijo/a tal..." Estando embarazada me juré y perjuré que jamás entraría en esos juegos sucios, porque entiendo que cada niño tiene su propio desarrollo y aprendizaje.

- la frustración: como consecuencia de todo lo anterior, el ego se ve fuertemente resentido y la frustración acaba llegando. Ser madre conlleva grandes esfuerzos en el día a día: esfuerzos por conservar las rutinas y pautas pre establecidas entre los pequeños y una misma, esfuerzos por lidiar con otros conceptos de crianza menos usuales o "tradicionales", por conseguir ser madre-compañera-amiga, por respetar las decisiones y actos de un bebe de 10 meses, que por pequeña que sea tiene ya su propia identidad y personalidad...

Saber que la lista de defectos podrá ampliarse con el tiempo es algo que asumo con el morro torcido. Saber que cometeré muchos errores de madre con los que siempre dije que no haría, es otro de los malos vicios que tragar. Pero de la misma manera que sé que tropezaré, creo convencida que el aprendizaje a través del ejemplo serán el mejor regalo que le podremos dar.

miércoles, 19 de agosto de 2015

La primera vez

¿Recuerdas la primera vez que hiciste algo como madre que pensabas no iba a llegar nunca? ¿ese momento para ti en el que te olvidaste de todo? Y es que, aunque te lo digan, ni lo imaginas, el nacimiento de un hijo va a cambiar tu vida 180º.

Durante el embarazo te recomiendan que descanses, que aproveches a leer ese libro que tienes guardado en la estantería, que vayas al cine a ver la película de la semana, que te des un capricho.... 

Si eres madre primeriza la emoción por lo que va a venir (y sobre todo cuanto más se acerca la semana 40) ocupa las 24 horas del día. Buscas ropita para la salida de la clínica, adornas la habitación del bebé, piensas en cómo será su carita y ese momento en que lo verás por primera vez, qué sentirás, qué le dirás... 

Y llega el bebé y las emociones van a mil por hora y las hormonas se encargan de que tu nueva vida sea una montaña rusa en la que te despiertas feliz, desayunas llorando, te duchas a toda prisa sufriendo por haber dejado a tu hija en la cuna durmiendo y piensas "se va a despertar y no me va a ver, el mundo se cae!!!"

Y de repente llega el primer día. La primera vez que disfrutas del baño sin preocuparte por nada, la primera vez que dejas a tu hija con los abuelos y aprovechas a ir al cine a ver "qué mas da, lo importante es salir y recuperar el tiempo en pareja (súper importante!!), la primera vez para pintarte las uñas de nuevo....

En el calendario de pared que colgamos en la cocina suelo escribir los días que tenemos pediatra, las primeras salidas a la montaña o nuestras vacaciones en familia. Quiero guardar todos los calendarios cada año para que Maya de mayor vea todos los planes que teníamos con ella. Y por supuesto, sus primeras veces. Su primer diente, su primera palabra, la primera vez que se sostuvo en pie sin manos... Son recuerdos que ella creará a través de nuestras experiencias.

Y tu, ¿qué fue lo que hiciste por primera vez siendo mamá? o ¿qué esperas que sea tu primer momento para ti como madre?

jueves, 23 de julio de 2015

Malos tiempos para la lírica

Muchas de vosotras habréis observado que últimamente me retraso con las entradas de las publicaciones y es que la ola de calor también ha llegado a mis neuronas y mi teclado. La creación de entradas conlleva mucho esfuerzo durante estos días y poder vaguear en el sofá me atrapa. 

Vaguear y celebrar, porque Maya cumplió ayer 8 meses y parece que hace nada la vi por primera vez, saliendo "en volandas" por encima de la sábana "azul hospital" y yo con mis manos atadas y mi cuerpo sedado luchando por olerla, pellizcar su piel durante unos segundos y ver sus ojos para decirle "hola cariño, soy mamá, ¡bienvenida!".



Hoy Maya tiene ya 8 meses y 1 día y le he dicho mi primer "no, esto no" en un tono riguroso, serio y directo. Algunas pensaréis que es muy pequeña todavía, pero yo en el fondo creo que me entiende.  

Al segundo he pensado ¿cuándo es el momento para decirle "no" a un niño? Por alguna razón mi mente había calculado que el año era el plazo ideal. El aniversario para celebrar el paso del nacimiento y la puericultura hacia el mundo infantil; las primeras palabras, los primeros pasos y los primeros golpes, los dientes, las frutas enteras y no con la malla de silicona... Eso que no te explican en las clases de preparación al parto. 

Cuando asistíamos el papá de Maya y yo, sólo nos daban nociones sobre los primeros días del bebé en casa y hoy me he preguntado, y del resto de días, ¿qué?. A esas clases todas íbamos con la libreta en mano para no perder detalle de nada. A veces se escuchaba una voz apresurada "¿podrías repetir otra vez?, me he quedado sólo con el meconio..." Este fin de semana me tocó sacar la libreta del bolso, del mismo apartado donde la he guardado durante estos 8 meses como si se tratase del tesoro más valioso de este mundo, para recordar cuándo era realmente necesario llevar al niño a urgencias por fiebre. Y claro, sólo me salían las indicaciones para cuando es recién nacido y hasta los 3 primeros meses de edad. Aún así, y como madre primeriza me llevé a la peque al hospital. La cara de la pediatra os la podéis imaginar, era algo así como "es tu quinta hija, ¿verdad?" 

A veces me asombro de lo rápido que pasa el tiempo, de la cantidad de cosas que hace en comparación con semanas atrás y me imagino todo lo que está por venir. 

No quiero perderme nada, sus descubrimientos son también los nuestros y vivir todas sus experiencias con ella es un auténtico regalo.

Permitidme, por eso, si estos días me encontráis más ausente que presente. Son malos tiempos para la lírica.

viernes, 22 de mayo de 2015

Pichurrín, muñequita, bichito, peduguita...

Los apodos o nombres cariñosos con los que bautizamos a nuestros hijos, son un reflejo de la intimidad de las familias. ¡Quién no ha tenido alguno en sus casas!.

Antes de que supiéramos el sexo de nuestro bebé, la llamábamos "pataditas". Ya os podréis imaginar por qué.

Cuando nos comunicaron que era una niña lo que esperábamos, comenzamos a llamarla "peduguita". Antes incluso de saber su nombre de pila definitivo.

Desde que nació le hemos puesto "cuatrocientos" nombres: bichito, brujita, cariñín, frijolita, mi amor, mi vida, princesita... La pobre no sólo tiene que soportar a estos babosos padres durante todo el día, con nuestro musical tono de voz dos notas por encima de lo habitual, sino que los abuelos por ambas partes también se han sumado a este estado "oso-amoroso" y de un lado tenemos a: "muñequita" y "carita redonda", y de otro "chirrín pequeño".

La florecita de papá

Lo cierto es que, y aunque a muchos nos dé vergüenza reconocerlo, todos hemos tenido un apodo familiar. Para nuestros padres, nuestras madres, abuelos, tíos... hemos sido su "terremoto", "morenita", "rubiales", "pirata"... de turno. Reconoceríamos a un familiar sólo por cómo nos llama. Una ternura que se desploma si en presencia de un amigo/a nos reclaman. 

Hasta hace poco para mis padres yo seguía siendo su "pichurrina", nombre cuyo origen desconozco. Probablemente venga de aquel estado empalagoso que los padres primerizos experimentan a los 2 días de tener a su retoña en casa. 

La necesidad de apodar a los hijos puede que venga de muy muy lejos y sea para sellar la pertenencia a la tribu. La marca de la casa con la que se nos conocerá dentro del círculo de confort que los progenitores crean tan fervientemente durante los 9 meses. Las madres humanas creamos apodos y como las leonas, que lamen a sus crías nada más nacer, probablemente también tengan un lenguaje creado para comunicarse con sus cachorros. Es otro vínculo más para que nuestros bebés, al igual que los leoncillos, reconozcan a sus madres por encima de las voces de las demás.

Y tu ¿con qué apodo llamas a tu bebé?

jueves, 21 de mayo de 2015

Mi vida no cambió hace medio año

Hace seis meses nació mi hija Maya, pero mi vida no cambió hace medio año. En realidad el cambio se produjo en marzo del año 2014 cuando nos enteramos de que ella estaba en camino. 

Unos meses atrás había estado ingresada por una hemorragia producida por un quiste ovárico y semanas después la ginecóloga nos había comentado la dificultad para poder tener hijos de forma natural, por lo que si queríamos ser padres, tendríamos que optar por la estimulación. La lista de espera era de dos años, así que mejor no "dormirse en los laureles".

Maya llegó sin pensarlo, sin esperarla, sin imaginarla. 

Tras los primeros días de nerviosismo, se lo dijimos a los futuros abuelos. Recuerdo que mi madre, imaginándose el duro camino que podríamos haber tenido, lleno de hormonas enfrascadas, control de temperaturas, visitas a médicos... rompió a llorar. Para ella era un milagro. Para mí, un hecho inimaginable. De momento Maya no estaba en nuestros planes, por lo que (y aunque parezca duro) no salté de alegría. Más bien fue un bajón. Si ya es un shock saber que estas en estado, cuando ni siquiera lo esperas, el desconcierto se convierte en hecatombe.

Hay decisiones duras (muy duras) en la vida. Elegir si tener a Maya o no, fue una de ésas. Finalmente todos nuestros planes (cambio de trabajo, posible traslado al extranjero, boda en camino...) se desvanecieron. No sabíamos si estábamos preparados, no sabíamos si lo haríamos bien, pero tendríamos a Maya. Quizás no habría otra oportunidad.

Hace seis meses, un día como hoy, llevaba dos días ingresada por rotura de bolsa. El primer día lo pasé con un propess y contracciones, pero sin dilatar. Al segundo día, tras una noche que no me dejó dormir ni 5 minutos seguidos, me llevaron a la sala de dilatación y me inyectaron oxitocina (mi parto ideal era natural y esperando lo máximo posible en casa.... vamos, nada que ver). Aguanté unas 4 horas sin epidural, pero a las pocas horas de ponérmela, dejó de hacerme efecto. A las 18:00 horas la ginecóloga decidió practicarme una cesárea. Maya nació a las 18:34 horas.



Mi hija es lo mejor que me pasará. Es la sonrisa que me alegra el día. El amor más grande que podré tener y dar. Un amor incondicional. 

Mi hija no nació como yo quería, ni como esperaba. Siempre digo que a mi hija "me la sacaron". Las que hemos pasado por una cesárea, sabemos de lo que hablamos. Experimentar el parto adormilada y con una sábana que te tapa la visión de pecho para abajo, no es lo deseado, aunque te haces a ello inmediatamente.

Cada mes, cuando mi hija cumple su "mesversario", todos recordamos el proceso tan largo que vivimos. Y sobre todo, el día que nuestras vidas, unos meses antes, cambiaron para siempre.
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