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viernes, 8 de abril de 2016

Mi derecho a pataleta

Esta semana recibí una de las peores noticias que me han dado, la que más me ha dolido desde que soy madre, que me afecta directamente y que me hiere como mujer y madre: la sentencia a mi demanda por despido estando de baja por maternidad ha sido desestimada.

En ese momento sentí como una bofetada a mi honor, a mi ser y a mis derechos y los de mi hija.

Han pasado muchos meses desde que me llamaron para decirme por teléfono que al día siguiente me cesaban. Maya entonces tenía 20 días de vida. Ese fue también un día triste, de rabia y de impotencia, pero decidí hacer frente a la situación reclamando lo que me pertenecía por derecho. Era mi trabajo, mi futuro y también el de mi hija. Tenía que pelear por ello.

5 meses y medio después una juez ha interpretado que el cese fue legal, aún cuando presentamos todos los documentos y testificaciones necesarios para argumentar lo contrario. Una juez joven, mujer y representante del poder judicial que yo pensaba iba a abrazar lo que creía intocable.

Abrí en aquel entonces el blog como vía de escape. Lo sorprendente para mí es que por este camino me he encontrado muchas mujeres con unos perfiles similares al mío: despedidas al quedarse embarazadas o al dar a luz a sus hijos, o mujeres que han decidido pasar a otro estado, cambiar de trabajo en busca de la verdadera conciliación.

Este tema está en la sociedad, es un hecho, aunque creo que el problema es que no se le da toda la cobertura necesaria y somos pocas las que decidimos dar el paso al frente. De ahí el miedo que encontramos muchas veces para denunciar estos abusos.

¿Qué mensaje estamos lanzando a aquellas mujeres que quieran tener hijos? ¿qué futuro se nos plantea?

En esta sociedad la mujer está expuesta a sufrir todo tipo de injusticias y a soportar el peso de rendir frente al trabajo, de la misma manera que cuando no se es madre. ¿Pasa lo mismo acaso con los hombres? ¿cambian las miradas, las instrucciones, las ordenes y los comentarios en el trabajo cuando pasan por la paternidad?

A la mujer hay que sumar trabajo + hijos + casa. Y lo asumimos como algo normal, individual e inherente a nuestra condición, necesaria para que el ciclo vital se mantenga. No señores. La maternidad y la exposición de la mujer ante esas tareas no es algo privado, que quede fuera del ámbito social. La conciliación, aunque se practique en cada hogar, es un bien colectivo, un objetivo a cumplir.

Quería hablar de mi situación en los medios, pero desgraciadamente esto "no vende". Es más bonito sacar titulares en los que una mujer gane a su empresa por este tipo de cosas. Ojalá los periódicos mañana se llenen con esas noticias, y sea el mío un caso aislado. 

Por el momento, me tengo que conformar con mi derecho a pataleta y cerrar esta etapa de mi vida, de una manera amarga y dolorosa.

jueves, 14 de enero de 2016

El bebé de Carolina

Ayer se constituyeron las Cortes Generales (Congreso de los Diputados y Senado) y la noticia fue: Carolina Bescansa (Podemos) lleva a su hijo al hemiciclo. De repente, los medios se incendiaron, las redes sociales bullían en un sinfín de comentarios y los periódicos llenaron de titulares de todo tipo sus portadas. La polémica estaba servida.


Cuando una mujer es madre en la sociedad actual, ya está representando a un porcentaje de la sociedad que es completamente diferente de la de hace 50 años. Y pensaréis, ¡qué obviedad más grande!. Detengámonos. Hace 50 años las mujeres que se casaban no tenían opción: se casaban, tenían hijos y se quedaban en casa. No existían varios tipos de familias, había una única y verdadera, como la Iglesia Católica, magna, pura y poderosa. Hoy contemplamos familias de todo tipo: madres solteras, padres solteros, madres lesbianas, padres homosexuales, familias con hijos subrogados (nacidos de un vientre de alquiler), con hijos adoptados, de diferentes nacionalidades, familias sin hijos (porque también forman una unidad familiar, claro que si!), y más allá, encontramos también mujeres que no desean tener hijos, estando solteras o casadas. En definitiva, hoy día tenemos opciones de todo tipo. Elecciones que nos hemos ganado por derecho.

El siguiente paso en el análisis es delicado; hablamos de la conciliación. Una mujer cuando es madre lo aprecia bien. Si antes una mujer soltera, tenía un buen puesto, era una fiera. Si esa misma mujer es madre, pasa a ser menospreciada. Nuestro valor en esta sociedad radica en ser productivas, y ese valor termina cuando somos madres. 

Muchas mujeres que han perdido su trabajo al ser madres (porque no existen políticas sociales ni laborales reales que permitan poder conciliar) han apostado por el autoempleo y en el casi 80 % de los casos, son negocios en internet, que les permitan estar en casa y criar a la vez.  

Esto nos lleva a la siguiente reflexión: podemos ser madres, pero sólo de forma autómata, es decir, parir y salir del hospital para ir directas al puesto de trabajo, que ya nos cuidarán a otros los hijos. Así lo hizo la Vicepresidenta en funciones, Soraya Sáenz de Santamaría, alegando que ella es muy feminista (pero que muy mucho) y para ella el feminismo es poder elegir siendo mujer. Incluso teniendo derechos (ojo al dato), el poder del feminismo radica para Santamaría que, aun teniéndolos, debemos elegir sin que se conviertan en deberes (en lugar de luchar para obtener derechos). Que si se tienen 6 semanas por ley para disfrutar de la baja por maternidad, ella se las salta a la torera y disfruta unos días, "regalando" a su marido el resto para que cuide a su hijo. (Ver en el minuto 49:54). Me encantaría ver una sociedad en la que las mujeres releguen de sus derechos en pro de hacer lo que les dé la gana, como poder asistir a un Pleno del Congreso para gritar "sí al aborto".  Creo que Santamaría, con lo aplicada que es, confunde todavía dos términos: derechos y deberes. Un derecho se adquiere y es inherente a la persona: derecho a vivir, por ejemplo. Y el deber es lo que la sociedad, el Estado y las leyes te marcan: por ejemplo, no tenemos el deber de matar, porque las leyes nos lo impiden. Incluso uno a sí mismo no tiene ese deber, por ejemplo en los casos de eutanasia, algo muy debatido por otra parte. Confunde aquí la Vicepresidenta en funciones entre derecho a poder criar con el deber de criar. Dos cosas bien distintas. Y es que lo preocupante es esto, queridas lectoras; que mujeres que nos representan, por ideología o por estar sencillamente como mujeres en primera línea de la política, rechacen a los niños, ¡incluso a los suyos propios!

El problema, amigas, no es que tengamos hijos, cómo los tengamos, cuándo los tengamos, o si trabajamos o no. El problema son nuestros hijos. La sociedad no quiere niños, molestan. Por qué sino, no tenemos baños con cambiadores en lugares públicos, o salas de lactancia, o parques públicos infantiles en condiciones, o políticas de permisos de ma(pa)ternidad más amplios, o retribuciones más altas a madres que concilian y quieren mantener sus puestos de trabajo... Por qué sino un político o política, señalando a Bescansa, dice "me parece lamentable" (Jorge Fdez Díaz, Ministro de Interior en funciones), "esto no hace falta" (Carme Chacón, política y madre), "traerlo al hemiciclo no es cómodo ni para el bebé ni para nosotras" (Isabel Rodríguez, política), "Carolina Bescansa ha ido con su hijo para figurar, los menores necesitan protección" (Ana Oramas, política y madre). Si ni siquiera ellas y ellos dignifican a los menores en nuestra sociedad ¿quién lo va a hacer? Quizás Carolina, con ese gesto, se ponga manos a la obra y comience a dar voz y color a un tema, que mientras sea polémica, nos recordará que todavía queda mucho por hacer.

lunes, 14 de diciembre de 2015

No lo permitas

No dejes que nadie NUNCA te haga sentir culpable por dejar a tu hij@ en otras manos para poder seguir siendo madre, mujer, amiga, empresaria, trabajadora, ama de casa, estudiante ...

Las mujeres en el momento en el que nos convertimos en madres tenemos que dejar de lado muchas cosas, y esas decisiones no siempre son fáciles de tomar (¿mi profesión o mi hij@? ¿sigo buscando un trabajo que me guste o me resigno a cualquier cosa para poder mantener los gastos mensuales? ¿escojo este trabajo a media jornada o a jornada completa?...) 


Cada una podríamos añadir diversas preguntas a éstas que escribo hoy. Es duro y nadie te lo dice, compaginar y elaborar esa tela de araña, ese tejido, para que al final parezca que todas las piezas encajan. Tenemos que administrar casas, economías domésticas, cuidar de hijos y a veces también de mayores, organizar cumpleaños o quedadas con amigas a las que no ves desde hace meses, comprar la comida semanal y hacerla, trabajar desde casa unas horas para adelantar la faena de la oficina... 

Ningún partido que esté en el Gobierno hoy día ha apostado en sus programas políticos por las mujeres, por los pilares familiares, por la verdadera conciliación... como tampoco apuestan por incluir a los niños en las ciudades, en los programas culturales, en ofrecer servicios y cambiadores adaptados en los edificios institucionales... 

Siento que las mujeres a veces seguimos siendo el eslabón que todo lo une, pero a las que es mejor tener apartadas. Como en las grandes empresas. Según estudios e informes estadísticos, sólo el 6% de las mujeres trabajadoras en España ocupan altos cargos o puestos directivos. 


Somos mujeres y madres, y tenemos que comenzar a luchar. El Estado de bienestar que tanto costó construir se ha quedado en migajas. No olvidemos lo que hicieron otras mujeres tiempo atrás. No lo tenemos tan complicado. Comencemos en nuestro día a día. Hagamos que todos los días sean días de elecciones, desde nuestro pequeño círculo hasta alcanzar Ayuntamientos y Gobiernos. 

Si quieres sumarte al cambio, si quieres que sea efectivo, si lo estás soñando y lo visualizas, únete. hay muchas formas de hacerlo. Yo, por ejemplo, he firmado esta petición en Change.org y participo activamente en un grupo de trabajo del Ayuntamiento de mi ciudad. Comencemos a hacer nuestro futuro. Por nosotras y por nuestros hijos.

jueves, 19 de noviembre de 2015

Mamitis aguda

Dícese de aquel hijo o hija que no puede vivir sin su madre y se le pega, como tirita barata, hasta en los momentos menos entrañables, como son, cuando vas al baño.

Y así estamos. Día y noche en un llanto inconsolable si la pequeña terremoto me pierde de vista. Ni con su padre, ni con los abuelos, ni con la "tata", para pena de ellos y mi "condena", quiere estar.

Puede ser que el comienzo de la guardería haya agravado o haya puesto más en evidencia lo que hasta ahora no percibíamos, y no es otra cosa que esa necesidad de apego y de tenerme controlada (vale, ya sé dónde está mi madre, ya sé que no me va a pasar nada, no estoy sola, me quedo tranquila). 

Cuando leemos en algún libro o por otros blogs sobre ma(pa)ternidad, la teoría me llama mucho la atención, sobre todo en titulares como: "5 consejos para superar la mamitis", "cómo debes tratarle si tiene mamitis" o "ayuda a tu hijo a ser más independiente" y el mejor, "plan para ayudar a tu hijo a estar sin ti". Y me pregunto ¿superar? ¿el apego es algo a superar, como si se tratase de un recuerdo adolescente imborrable?. ¿Independiente? ¿puede un niño de 12 meses ser independiente como para comer, bañarse o salir a la calle solo?. No ¿verdad? Como en todo, hay variedad de opiniones, pero creo que podemos sintetizarlo en dos líneas o corrientes: crianza de apego vs crianza  basada en el método Estivil (nota recordatoria para aquellos que no conozcan a este señor: deja a tu niño llorar y así se hará más fuerte)

Vía Penélope Ilustradora

Si os soy sincera, en el fondo no me molesta que mi hija tenga mamitis, y no solo no me molesta sino que adoro que sienta apego hacia mí. Lo que me molesta es que a otros les parezca extraño, les cause irritación e incluso furor que mi hija solo me llame a mí. Yo entiendo que eso es lo natural y que lo raro es querer que un hijo se desapegue de la madre. No obstante ¿no estaríamos nosotros también apegados a quien nos da de comer, nos mima, nos calma, nos baña, nos divierte y nos besa? Por otra parte, también entiendo la frustración del papá de Maya cuando ve que no es capaz de poner consuelo en su llanto y solo yo tengo la clave. Sobre todo porque un hijo así, todo hay que decirlo, absorbe hasta el punto de no saber qué día es, qué has hecho hoy, y siendo pesimistas, ni siquiera plantearte una vida al margen (trabajo, amigos, salidas en pareja...) Aunque eso ya sí es un problema a tratar, porque ya no hablamos de apego sino de dependencia extrema del hijo a la madre y donde los autoritarismos pueden poner patas arriba la unidad familiar. Pero eso es otro cantar y tiene miga quizás hasta para otra entrada.

El apego, y probablemente con él la mamitis, se da desde el mismo momento que un hijo nace, y crece cada día en los momentos, las miradas, las risas, los sueños... Estoy convencida de que cuando mi hija tenga quince años habremos invertido los papeles y seré yo quien lo pase mal cuando la pierda de vista, y ella descanse cuando esté a sus cosas sin sentirse bajo control.

Termino con una frase del Dr. Carlos González:
"Malcriar" significa "criar mal", es decir, con poco cariño, pocos brazos, poco respecto, pocos mimos. Es imposible malcriar a un niño por hacerle mucho caso, cogerlo mucho en brazos, consolarle mucho cuando llora y jugar con él.

jueves, 12 de noviembre de 2015

Nos la están dando con queso

Recuerdo el primer día que sentí el engaño y la frustración. Fue en 3º de primaria. Yo había llevado a clase un estuche rígido de plástico de Minnie Mouse con forma de corazón que podías girar y volverlo ovalado, y que me había regalado mi madre unos días atrás. Lo dejé por despiste encima de los armarios donde guardábamos nuestros abrigos y cuando llegó la profesora preguntó de quién era. Un segundo antes de que yo me levantase, una chica (todavía me acuerdo de ella) se autonombró la dueña. Mi cuerpo se quedó paralizado, asombrado, no podía imaginar que alguien pudiese hacerme algo así, era mi estuche. Pocos segundos después me alcé para reclamar lo que era mío y para mayor sorpresa, la "compañera" se giró airadamente mirándome fijamente y contestando que yo era una mentirosa, inventándose una historia de que no se quién se lo había regalado. El resultado fue indignante para mí, la profesora le dio el estuche a María y yo comencé a dejar de creer un poco en la solidaridad y la justicia.

Hace poco días volví a sentir esa misma sensación de estupor. Os pongo en situación primero; Estaba paseando por la ciudad y encontré una maravillosa iniciativa: venta de objetos de puericultura de segunda mano. (He de confesar que es una idea de negocio que barajé hace un tiempo, por lo que la sorpresa fue todavía mayor). Al asomarme por el escaparate adiviné un cartel de Cáritas Diocesanas,  y varias mujeres que estaban colaborando con la venta de los productos.

Imagen del rastrillo de las pasadas Navidades

Aunque tenemos pensado aumentar la familia con un hermanito o hermanita para Maya dentro de unos meses, he REGALADO mucha ropa de bebé. Sí es posible que el futuro hermano o hermana nazca en las mismas fechas, pero las probabilidades de que eso ocurra + las probabilidades de que vuelva a ser niña (casi toda la ropa de bebé Maya era rosa) son escasas, por lo que pensé, yo lo doy y si alguien lo puede aprovechar este invierno, mejor que mejor. Y cuando digo alguien, me refiero a personas sin recursos y cuando digo aprovechar me refiero a que lo compran por 1 € o se lo regalan. 

Encolericé al conocer que la ropa no la venden a precios económicos, sino a precios "normales" de 5, 10 y 15 € y en muchas ocasiones como un rastrillo vintage. Pocas mujeres o familias sin trabajo o pasando penurias me encontré tras ese escaparate.

Me indigna mucho saber que están haciendo negocio tras lo que se supone que es uno de los estandartes de solidaridad, respeto, bondad y ayuda... valores que ensalza la comunidad religiosa, y aunque estoy muy lejos de esa comunidad y no comparto en absoluto su credo, sí que pienso y creo en una sociedad igualitaria y justa.

Para mi asombro he descubierto, a raíz de aquel cabreo, muchas iniciativas similares en las que la gente dona y regala objetos y alguien se lucra de ello. Por poner ejemplos llegaríamos incluso a vociferar contra pequeños "emprendedores" que venden plantas aromáticas que recogen de cualquier sitio en lugar de plantarlas en sus huertos, hasta llegando más lejos, el negocio de las eléctricas o las embotelladoras de agua.

En fin, que nos la están dando con queso.

viernes, 15 de mayo de 2015

La teta asustada

¿Pueden las mujeres dar de mamar en cualquier sitio público?


Escojo para hoy el título de una película peruana "La teta asustada" porque me sirve para hablar de una polémica que nunca pasa de moda. Hace varios días lo volví a leer en un diario digital y la pasada semana una blogger (Marujismo) se hacía eco del asunto. 80.700 resultados en castellano si buscas en Google "amamantar en público". Y la verdad es que el tema da de sí, da igual dónde y cual sea tu posición social, la conclusión a la que llegamos es que está feo dar el pecho en lugares públicos

Taparse o no taparse, ésa es la cuestión


Venden unos curiosos fulares con la intención de que nos tapemos y cubramos a nuestros bebés para no sentir pudor. Pero el pudor ¿de quién? ¿del que mira o del que se siente observado? Y yo me pregunto, si doy el pecho en plena calle y alguien se siente perturbado y es por eso que no me mira ¿por qué me tengo yo que tapar? ¿por qué no venden "tapaojos anti lactancia materna en público" para los demás?

Imágenes de la cuenta de Twitter de Louise Burns, antes y después de que le ordenaran tapar a su bebé

Es cierto que la primera vez que Maya se puso a berrear en plena calle porque tenía hambre, lo pasé mal. Recuerdo que entramos en varias cafeterías porque no me sentía cómoda en ninguna (o no había sitio, o la única mesa se encontraba junto a la puerta de entrada o junto a la ventana, o no había mesas apartadas y semi-ocultas de miradas). Maya seguía llorando y yo no podía decirle, "ya cariño, mamá está buscando sitio y sabe que tienes hambre, pero si te callas todos estaremos mejor". Finalmente entramos en una que cumplía todos mis requisitos, así que me levanté discretamente la camiseta y le di de mamar. Poco a poco me tuve que acostumbrar. Las salidas con amigos fuera de casa fueron otro obstáculo, pero en mi mente sopesaba los pros y contras y siempre estaba la misma idea "Es tu hija y tiene hambre. No te preocupes por lo demás". 

En el estado de Texas las mujeres tienen derecho a amamantar donde quieran, pero eso no impide que en tiendas y otros lugares públicos se les pida ir al baño para dar el pecho

Indudablemente sentía cómo podía incomodar a otros. Antes de ser madre yo también me giraba cuando veía a una mujer dando el pecho. No obstante también he vivido anécdotas en las que  desconocidos se han sentado junto a mí para ver cómo comía mi hija, sin más. No por ver un pecho o porque tenga alguna connotación erótica. Sólo por ver lo sana y natural que está creciendo y por el vínculo que estamos creando. 

Aún así sigo sin entender cómo exhibir escotes en publicidad es lícito y nadie se rasga las vestiduras y dar de mamar en público, en cambio, nos altera. Algunos lo llaman "el reto de la mujer moderna" o "esto es cosa de hippies" como si el hecho en sí fuera una propia moda caduca que en pocos años deje el paso a otra. No quiero abanderar ninguna causa sobre la lactancia materna en público. Las opciones están ahí. Cada una es libre de elegir cómo y dónde da de comer a su hijo/a. Pero la información y la divulgación es fundamental. 

"Gisele Bündchen la lía parda subiendo una foto a las redes sociales dando de mamar a su hija en plena sesión fotográfica" Texto recogido de un medio digital poco serio

Y tú ¿has dado el pecho en público? ¿te has sentido intimidada? ¿crees que se deberían seguir fomentando esta serie de debates?
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