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lunes, 21 de diciembre de 2015

Dos camiones y un teléfono

Una de las cosas que me ha dado el blog, en las últimas semanas, es pensar con otra mirada, fijarme en lo cotidiano y analizar sus orígenes y consecuencias. Me explico. Hace poco estuvimos en el pediatra por una tos que no acababa de irse (cosas de empezar la guardería, que lo cogemos todo. Lo coge primero Maya y luego lo comparte con sus padres, que para eso nos quiere tanto).

Estando en la sala de espera inicié sin darme cuenta, un estudio sociológico digno de cualquier doctorado. La tesis versaba sobre el comportamiento actual de los padres con sus hijos y los grados o muestras de responsabilidad.

 Imagen de una sala de espera cualquiera

En ese tiempo de espera, observé que los padres se sentaban en las sillas de la sala como quien espera el segundo asalto en el rin. Algunos cabizbajos y otros absortos en los móviles (jugando al Candy Crush o revisando el correo). Y los que menos, entreteniendo a sus pequeños. 

Me sorprendieron sus reacciones. La gran mayoría estaban sentados junto a sus hijos, sus seres más queridos, y sin mediar palabra. Los menores, revoloteaban con juguetes, biberones, mocos y toses varias. Los más mayores, que rondarían los 7- 9 años, esperaban pacientes y convalecientes, sabedores de que un minuto más ahí era un minuto menos en el colegio.

Hubo un caso de especial análisis que copó toda mi atención. Una madre llegó acompañada de dos de sus hijos. Ambos, de unos 3 y 5 años respectivamente, se sentaron en el suelo y comenzaron a jugar con sendos camiones. Fueron varias las veces que la madre, desde su asiento, les llamó la atención sobre el ruido que estaban generando (quizás padecía algún tipo de sordera especial, ya que el sonido envolvente en la sala era cuanto menos, tranquilo y apacible). Tras unos minutos de insistencia, se levantó pero no para acudir hacia sus hijos en una reprimenda mayor, sino que se dirigió al baño. A su salida, para mi sorpresa, se sentó en una silla situada en el extremo opuesto de la sala para encerrarse en lo que internet le deparaba por la pantalla del móvil.

No es que yo sea una madre modelo (ni quiero aquí hacer gala o demostración de nada similar) pero en todo ese tiempo (unos 15- 20 minutos) estuve con mi pequeña en brazos, jugando con las llaves o recorriendo la sala de un lado a otro, parándonos en los posters de bebés sonrojados, rubios y rechonchos (hay que ver qué niños más rechonchos!). Otro padre, repetía los gestos con su hijo, con el que Maya intercambió algún "tete" o "nene" de cortesía.

Llevábamos 50 minutos de espera. Todos teníamos ganas de salir a la calle y soltar a nuestras pequeñas bestias. Es cierto que todo padre y madre necesita momentos de intimidad, de desahogo, porque los hijos absorben todo nuestro espacio- tiempo, pero ¿es necesario acompañar a tu hijo al médico y sentarte a contemplar "loquesea" en el móvil? Los padres tenemos una responsabilidad muy grande para con nuestros hijos y se llama ejemplo en el educar, en el saber estar y en el comportamiento hacia todo lo que nos rodea.

Solemos comentar la falta de respeto que tienen los jóvenes hoy día, sus vidas enganchadas a las redes sociales y la escasa comunicación que tienen con los demás, sobre todo, con sus padres. Veamos un poco el espejo de nuestras vidas, quizás ahí encontremos la solución.

lunes, 14 de diciembre de 2015

No lo permitas

No dejes que nadie NUNCA te haga sentir culpable por dejar a tu hij@ en otras manos para poder seguir siendo madre, mujer, amiga, empresaria, trabajadora, ama de casa, estudiante ...

Las mujeres en el momento en el que nos convertimos en madres tenemos que dejar de lado muchas cosas, y esas decisiones no siempre son fáciles de tomar (¿mi profesión o mi hij@? ¿sigo buscando un trabajo que me guste o me resigno a cualquier cosa para poder mantener los gastos mensuales? ¿escojo este trabajo a media jornada o a jornada completa?...) 


Cada una podríamos añadir diversas preguntas a éstas que escribo hoy. Es duro y nadie te lo dice, compaginar y elaborar esa tela de araña, ese tejido, para que al final parezca que todas las piezas encajan. Tenemos que administrar casas, economías domésticas, cuidar de hijos y a veces también de mayores, organizar cumpleaños o quedadas con amigas a las que no ves desde hace meses, comprar la comida semanal y hacerla, trabajar desde casa unas horas para adelantar la faena de la oficina... 

Ningún partido que esté en el Gobierno hoy día ha apostado en sus programas políticos por las mujeres, por los pilares familiares, por la verdadera conciliación... como tampoco apuestan por incluir a los niños en las ciudades, en los programas culturales, en ofrecer servicios y cambiadores adaptados en los edificios institucionales... 

Siento que las mujeres a veces seguimos siendo el eslabón que todo lo une, pero a las que es mejor tener apartadas. Como en las grandes empresas. Según estudios e informes estadísticos, sólo el 6% de las mujeres trabajadoras en España ocupan altos cargos o puestos directivos. 


Somos mujeres y madres, y tenemos que comenzar a luchar. El Estado de bienestar que tanto costó construir se ha quedado en migajas. No olvidemos lo que hicieron otras mujeres tiempo atrás. No lo tenemos tan complicado. Comencemos en nuestro día a día. Hagamos que todos los días sean días de elecciones, desde nuestro pequeño círculo hasta alcanzar Ayuntamientos y Gobiernos. 

Si quieres sumarte al cambio, si quieres que sea efectivo, si lo estás soñando y lo visualizas, únete. hay muchas formas de hacerlo. Yo, por ejemplo, he firmado esta petición en Change.org y participo activamente en un grupo de trabajo del Ayuntamiento de mi ciudad. Comencemos a hacer nuestro futuro. Por nosotras y por nuestros hijos.

jueves, 26 de noviembre de 2015

¿Qué es la Vitamina D3 y por qué nos la receta el pediatra?

Probablemente al acudir a las primeras consultas con tu pediatra, éste te recomendó dar cada día unas gotitas de vitamina D3 a tu bebé para evitar el raquitismo, ¿cierto? Hoy te explico qué es y por qué se receta este complemento.

¿Qué es el raquitismo? El raquitismo es una enfermedad propia de la infancia, producida por la falta de vitamina D encargada de equilibrar la cantidad de calcio y fósforo en nuestro cuerpo, y por una mala alimentación, lo que conlleva la deformación de los huesos. 

La vitamina D la desarrolla nuestra piel cuando toma contacto con los rayos solares, pero aún así necesita que ésta se transforme y se absorba en nuestro organismo, para lo que necesitamos la ayuda de alimentos o, en este caso, suplementos vitamínicos.


Lógicamente quien vive en lugares con escasa luz solar o en espacios cerrados durante mucho tiempo, no podrá tener suficiente vitamina D solo con la ayuda de la alimentación, ya que la principal fuente es escasa o inexistente. Es por ello que, con la costumbre generalizada de tener a los bebés "encerrados" en casa o muy tapados desde el nacimiento, les hace más propensos a sufrir de raquitismo y debido a ello los pediatras aconsejan la toma diaria de esta vitamina. Por otra parte, y dado que esta afirmación se basa en creencias y no en evidencias (como cita Carlos González en su libro "Un regalo para toda la vida") también hay pediatras que opinan que con sacar más a los niños a la calle y exponerlos a la luz sin cremas de protección solar, se evita, de una forma más natural, la enfermedad.


¿Cómo podemos transformar la vitamina D? Los lácteos son algunos de los alimentos necesarios para "adoptar" o "transformar" esa vitamina que genera nuestra piel al contacto con los rayos solares. Entonces muchas madres se preguntarán, pero si yo le doy leche materna o leche de fórmula ¿no es suficiente?.

Como en todo hay variedad de opiniones. Hay quien cree que en la leche materna no se encuentra la suficiente dosis de vitamina D que los bebés necesitan, por lo que administran el suplemento (o recomiendan la leche artificial que está enriquecida). Pero estudios afirman que la leche materna tiene las vitaminas y proteínas suficientes que un bebé necesita para poder desarrollarse y crecer, tanto física, sensorial como psíquicamente. De hecho, en la publicidad de muchas leches de fórmula se recuerda que es casi igual que la materna, con sus mismas propiedades y beneficios. Casi, no igual ni superior. No obstante si la madre no toma baños solares, no generará la vitamina D suficiente, por lo que el bebé será más propenso a padecer raquitismo. 

La Liga de la Leche, al respecto y a modo de resumen, se hace eco de la controversia y afirma que sí es necesario un aporte de vitamina D para los bebés aunque no es clara en cómo debe ser suministrada (si por luz solar directa o mediante la receta pediátrica)


¿Por qué la debe tomar durante un año? La OMS, la Asociación Pediátrica Americana (APA) y la Asociación Española de Pediatría (AEP) concluyen que cuando el niño toma 1 litro de leche diario ya no necesita un aporte extra de vitamina D y es en torno al año cuando los niños toman esa cantidad de leche- lácteos.

¿Existen casos en los que se recomiende directamente la toma diaria del frasco de vitamina D? Sí, y estos son:
- bebés prematuros y de bajo peso
- bebes amamantados pero que no reciben luz solar, por su situación cultural o religiosa
- bebés amamantados pero que sus madres no reciban luz solar, por situación cultural o religiosa
- lactantes de pieles oscuras
- cuando se usa protección solar

viernes, 12 de junio de 2015

Los padres: esos grandes desconocidos

Últimamente hemos tenido unas noches bastante "movidas" por lo que perdonadme por no poder actualizar el blog tanto como me gustaría. 

Maya está cambiando el horario del sueño. Estamos pasando de acostarnos hacia las 22:00 h de la noche, hora invernal, a las 00:00 - 00:30 h estivales, y con despertares de madrugada (con terrores nocturnos)... pero eso lo dejamos para otra entrada.

Esta mañana, mientras dábamos un paseo y a mi retoña le daba por dormir todo lo que no ha dormido durante la noche, me he cruzado con una vieja vecina que hace poco menos de un mes ha sido mamá primeriza. 

Casualidades de la vida, hace pocas semanas coincidí con otra conocida, que también ha sido recientemente mamá. 

Parece que esto es como cuando no tienes algo deseado y lo ves por todas partes. Desde que he sido madre, sólo hago que ver a mujeres paseando con sus bebés. Con sus bebés y con las abuelas al lado. Pero ... ¿dónde están los padres de esas criaturas?

Al novio- marido- pareja de aquella vecina, ni lo conozco, y me pasa con casi todas las mamás que veo. Y no porque tenga que conocer a toda la población de mi ciudad, claro está.

Cuando me da por pensar en un tema, frunzo en ceño y entonces me empiezo a plantear a la velocidad de la luz, todas las opciones. Hasta que llego a la conclusión, ¡¡¡tengo que escribir de esto en el blog!!!

Y hoy he pensado ¿Qué pasa con los padres?



Mi chico, cuando tuvimos a Maya, era hombre invisible. Del protagonismo que yo había tenido durante el embarazo, pasé a un segundo plano con el nacimiento, pero es que a él es como si se lo hubiera tragado la tierra!! 

Puede que la baja por paternidad influya, de modo social, a ver al padre como una figura- mueble, que está ahí, sale a buscar el pan cada día y regresa para mantener el bienestar de la unidad familiar.

Puede ser también por el hecho de que la mayoría de las parejas de hoy día tengan a sus hijos sin pasar previamente por el altar, y ello nos haga desmerecer la figura paternal, o incluso desconocerla completamente.

También, porque la mujer ha adquirido una gran independencia del hombre en esa idea antigua de matrimonio feliz con hijos (mujer en casa y hombre en el trabajo) y no tenemos por qué vernos paseando junto a nuestra pareja, o bien porque las parejas actuales gozan de otro tipo de libertades y permisos, impensables hace 40 años (tu cuidas a la peque y yo mientras acudo a un café con l@s amig@s...)


Sea cual sea, creo que de vez en cuando deberíamos pensar un poco más en el otro lado... en esa mitad de genes que tienen nuestros hijos, llamados padres.
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